Quizás ésta no es la frase que más he oído en mi vida, pero posiblemente se acerca a la de “hijo, estudia que sino te pasarás todo el verano entre libros”. Y así fue, no fallaron las predicciones, varios veranos entre libros, pero oye, así es la vida. En la que sí fallaron, por no acertar en las previsiones, y varias veces, fue en la de “Yo quiero ser viral” o en su defecto “Quiero ser influencer”. Nunca es fácil conseguirlo, no como pasar el verano pasando hojas y hojas.

La Real Academia Española define al término “viral” como: “Perteneciente o relativo a los virus.” Quizás, lo que los “millennials” conocemos como viral no tiene nada que ver, o quizás sí. En muchas ocasiones todos esos contenidos virales son como un virus, se propagan rápidamente y nunca se sabe hasta dónde pueden llegar. A veces esos virus son “buenos” y en otros casos, no tanto.

En mi época de universitario, no hace mucho tiempo, pude ver de primera mano como un contenido “inesperado” se convierte en viral. Se trataba de crear un vídeo/spot en contra del bullying. Cada uno de los 8 grupos que formábamos la clase presentamos una propuesta. El más votado entre nosotros lo enviaríamos a diferentes medios de comunicación para su posterior divulgación bajo el sello de la Universidad. El spot ganador, nos impactó a toda la clase, pero este vídeo no causó el efecto esperado ya que apenas apareció en varios medios y muros de Facebook (acordamos compartirlo cada uno en su perfil personal para intentar viralizarlo)

Pero ocurrió algo sorprendente. Varios vídeos que no fueron ganadores, se subieron a Facebook y… en uno de ellos, ocurrió la magia.

Aquí me detengo. Al contrario que un mago que no desvela sus trucos, aquí iré en su contra. El “único” truco fue conectar con la gente. Posiblemente el truco de magia tecnológico más difícil del siglo XXI. Bajo mi opinión, no era el vídeo más creativo ni el vídeo más impactante, pero tenía algo que ninguno supimos ver en esa pequeña votación. El vídeo logró alcanzar el millón de reproducciones en apenas una semana.

El “virus” parecía ser bueno, llegaba, conectaba con la gente y conseguía concienciar a la gente contra el bullying. Pero hubo un momento que el brote empezó a desviarse. El vídeo contra el bullying se convirtió en bullying. En un acoso a mis compañeros, aquellos que se habían prestado a ser actores. La gente llegó a creerse que era un caso real, no un vídeo contra aquello que ellos mismos estaban haciendo.

En fin, yo siempre digo que las redes sociales son un bosque en el que no sabes que animal te puedes encontrar y en este caso, hubo muchos, demasiados sin cerebro.

Por suerte, y quedándonos con el objetivo, la viralidad, el vídeo llegó a muchas personas. Apareció en diferentes medios de toda España, alcanzó a familias de aquellos niños que lo sufren o lo practican, e incluso, se utiliza en diversos centros formativos para luchar contra aquello que no debería existir.

Si algo llegué a aprender de este caso, fue que no puedes buscar la viralidad. No lo prepares, porque simplemente llega, quizás, como todo en la vida, por sorpresa.

Por cierto, no quería olvidarme de dar las gracias a mis compañeras por permitirme hablar de su caso. Si tenéis curiosidad de ver el vídeo, aquí os lo dejo: https://www.facebook.com/555893340/videos/10154071448353341/